Soy Sacerdote

Jesús no tenía prisa

Una reflexión sobre la prisa del mundo y la forma tranquila en que Jesús vivía cada momento.


Hoy el teléfono no ha dejado de sonar.

Primero una llamada. Luego un mensaje. Después otro.
Una consulta breve, una gestión pendiente, una cosa pequeña que parecía necesitar respuesta inmediata.

Nada extraordinario. Lo de siempre.

Uno responde, intenta ayudar, organiza, escucha. Apenas termina una cosa cuando ya aparece la siguiente. Así va pasando el día: de una respuesta a otra.

Dios mira.

Creo que Dios está mirando, viendo cómo enlazamos con prisa cada instante presente con el siguiente. Quizá piense:

—Pero si en el cielo no hay tiempo… ¿por qué van tan deprisa?

En uno de esos instantes enlazados por la velocidad de la vida, me detuvo un pensamiento: en ningún pasaje del Evangelio aparece Jesús corriendo.

Quizá esa era su manera de redimir la prisa.

Paré de hacer.

En ese detenerse pareció ralentizarse el tiempo.

Salí a la calle. La tarde era todavía agradable y el sol acariciaba suavemente la tierra. En un banco del parque, un anciano tomaba el sol. A lo lejos, un niño jugaba con su patinete.

—¡Mira, abuelo, mira!… ¡Ya sé saltar!

Me detuve otra vez.

Entonces lo comprendí.

No todo en la vida pide respuesta inmediata. Hay cosas que solo piden ser miradas.

Miré al cielo. En la luz del atardecer Dios parecía sonreír.

Y el día empezó a ensancharse un poco.

También mi alma.



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