
Explicación sencilla sobre qué es la oración cristiana, cómo nace en el corazón y por qué es una necesidad de la vida espiritual.
Orar es elevar el alma hacia Dios, como un suspiro del corazón que busca su luz.
Es reconocer, con humildad, que somos pequeños ante nuestro Creador y que necesitamos volvernos hacia Él.
Podríamos entenderlo así:
Un encuentro de dos sedientos
La oración es el encuentro entre la sed de Dios y la sed del hombre.
Dios tiene sed de que tú tengas sed de Él, porque te busca y te ama primero.
El jardín secreto del corazón
No se reza solo con los labios, sino con el corazón.
Ahí, en lo más íntimo de la persona, el alma responde a Dios y aprende a vivir en su presencia.
El hilo de una amistad
Orar es cultivar una relación viva con la Santísima Trinidad.
Es entrar, por Jesucristo, en una amistad verdadera con Dios.
La música del Espíritu
El Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración.
Él mueve el corazón, enseña a hablar con Dios y derrama en el alma esa agua viva que conduce a la vida eterna.
Un combate de esperanza
A veces, orar cuesta: hay ruido, cansancio, distracciones y desánimo.
Por eso la oración es también un combate espiritual, donde la fe se purifica y el amor aprende a perseverar.
En pocas palabras, la oración es la respiración del alma y la vida de un corazón nuevo que aprende a latir al ritmo del amor de Dios.
También puedes seguir profundizando leyendo la reflexión «Sobre el silencio» o la ficha «¿Por qué Dios parece guardar silencio?«
