Reflexión cristiana sobre el silencio espiritual y la escucha de Dios en la vida interior.

El silencio no es la ausencia de palabras.
Las propias callan y la Palabra, en mayúscula, se hace oír.
Así, el silencio se vuelve sonoro y la voz de Dios penetra el alma.
En la vida espiritual aprendemos que no todo se resuelve hablando.
Hay más Verdad cuando se escucha, cuando se está ante Dios sin discursos, sin defensas, sin respuestas preparadas.
Allí, en ese lugar sagrado que llamamos oración -¿curioso, no?- , el corazón se renueva y el alma respira.
Quizá hoy baste con esto.
No más palabras.
Dejemos que Él hable.
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