Soy Sacerdote

Dios me habló en el silencio

Reflexión cristiana sobre el silencio espiritual y su relación con la vocación al servicio de Dios.


Descubrir la vocación no es, ni mucho menos, mirar a lo de fuera.
Dios me habló en el silencio. Nunca me dijo lo que debía hacer. Fue más bien un: «Eres mío, te quiero conmigo». Sucedió ante el Sagrario. Desde entonces ha sido mi confidente, mi amigo.
Solo Él me conoce.
Solía preguntarle: ¿qué debo hacer?, ¿qué quieres de mí? El silencio era la respuesta. Quiero decir: el silencio verdaderamente respondía.
Ahora soy sacerdote. Ya no pregunto. No me lo va a decir si no es en el silencio.

Pero a veces he olvidado el silencio y su sonido. Lo de afuera —sí, ha sido lo de afuera— es lo que ha hecho que aquel silencio, en ocasiones, se volviera mudo.
Hoy le digo, muy callado, a mi Amigo y confidente, al Dios conmigo, que silencie en mí lo de afuera; que me quede siempre en los sagrados atrios del silencio con el que me conquistó con su Presencia.

Lo ha vuelto a hacer. Siempre lo hace. Me ciega. Es quizá la única manera de ver, de mirar adentro. ¿Sabes? El alma ve cuando adora. La adoración son sus ojos.

Todo sucedió ante el Sagrario.

Ya no he vuelto a mirar afuera.



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